ACOMPAÑAME QUE VOY A MORIR
Francisco fue un paciente de 87 que un día llego al hospital donde trabajo porque se sintió mal de salud y su familia lo trajo a urgencias. Luego de varios exámenes se encontró que tenía un cáncer metastásico muy agresivo, ya había afectado varios órganos, su situación era de un paciente en proceso morir (terminal).
Cuando hable con su familia se negaron rotundamente a que le diera alguna información al respecto a Francisco, les explique que lo correcto era que él debía saber lo que pasaba o por lo menos que tomara la decisión de si quería saber que estaba pasando con su salud, pero su familia nuevamente se opuso. En pocos días Francisco se estabilizo, su salud mejoro un poco y le dieron egreso del hospital, se fue a su casa, no sin antes darme las gracias por todo el apoyo que le brinde durante la hospitalización, al momento de despedirse me pidió un abrazo, al momento de dárselo me susurro al oído “yo sé que me voy a morir pero todavía no es el momento, yo voy a regresar pues quiero morir aquí porque mi familia no sabe cómo acompañarme a morir”, me sorprendió ese mensaje pero confirmo lo que yo siempre había sentido cada vez que lo visitaba en su habitación para ver cómo se sentía….. él sabía lo que sucedía con su salud.
El proceso de muerte es parte de la vida del ser humano como es el nacer, en estos casos cuidamos a una persona cuya enfermedad no responde a ningún tratamiento curativo, o las personas que por su avanzada edad han cumplido un ciclo de vida y están próximo a salir de ella.
Cuidamos para que esa persona salga de este ciclo de vida de la forma más natural posible, así como fue natural su proceso de nacimiento. Cuidamos con cariño, con amor, con ganas desde nuestra alma y nuestro corazón, no se necesita tener ningún título profesional simplemente se necesita, cariño, afecto, mucho afecto, pero sobre todo disposición desde tu propia humanidad.
A los pocos días Francisco regreso al hospital, cumplió su palabra, cuando fui a saludarlo su rostro reflejo una gran alegría, abrió sus brazos lo que más pudo pues su salud ya estaba bastante deteriorada para que lo abrazara y lo hice, al momento de hacerlo nuevamente me susurro al oído “le prometí que regresaría y lo hice, quiero morir aquí, pero guie a mi familia para que me acompañe a hacerlo”.
Al hablar con su familia ellos manifestaron el temor que les causaba la situación de salud de su paciente, reconocieron que no sabían que hacer, estaban dispuestos a dejarse guiar para acompañarlo a salir de esta vida de la forma más natural y tranquila posible, eso hicimos, acompañarlo.
Debemos entender que el enfermo es una persona, no una enfermedad. Esa persona, piensa, tiene emociones, siente dolor y muchas limitaciones que le provoca el deterioro de su salud causado por la enfermedad o por su proceso natural de envejecimiento. El enfermo tiene un nombre, una historia de vida, una forma de vivir y una familia, él es mas allá de una enfermedad, unos síntomas y una cama o número de habitación.
Tenemos un compromiso con esa persona, acompañémoslo en su proceso, estemos a su lado, visitémoslo con frecuencia, hagamos que se sienta respetado, comprendido y que tenga muy claro que nosotros estamos dispuestos a apoyarlo en todo lo que pueda ocurrir con su enfermedad. En algunos casos el paciente quiere estar solo y es respetable, es claro que el deterioro progresivo de su salud lo va dejando poco a poco sin fuerzas y sin energía, si él sabe que pase lo que pase estaremos allí, su proceso será más tranquilo y confortable. La cercanía más íntima que podemos brindarle a un ser humano que está muriendo es la compañía de otro ser humano. Acompañar en un proceso de final de vida a un ser humanos no lleva a pensar en su dimensión psicológica, física, social y su parte espiritual para poder acompañarlo.
Una persona que entra en un proceso de final de vida apreciara muchas expresiones de cariño y cuidado como el contacto físico, las caricias, los abrazos y los besos. No es posible cuantificar el bienestar que le produce a un paciente sujetar su mano, tocar sus brazos, acomodarle bien su almohada, en algunos casos secar su frente, brindarle algo de tomar si tiene sed, pero sobre todo la amabilidad, estos momentos disminuyen el miedo, los temores y la ansiedad, asombrosamente disminuye los síntomas molestos que el paciente pueda padecer.
acercarte a la cama de una persona en proceso de final de vida para darle la mano, o un beso, o una caricia, es un acto de amor infinito, con esto haces que el enfermo se sienta vivo, y emocionalmente unido a ti que lo estas acompañando.
Cuando escuchamos de forma atenta al paciente, le estamos demostrando nuestro interés, nuestro respeto y nuestro apoyo, permitamos que hable sin interrupciones y que exprese sus emociones y pensamientos, la buena comunicación hace más llevadero el dolor, la ansiedad y la depresión. Hablemos con la verdad al paciente, tengamos en cuenta hasta donde él puede asumir, comprender y aceptar información, indaguemos cuanto sabe de su situación y nos sorprenderá el nivel de claridad y entendimiento del paciente sobre lo que sucede con su salud y su vida.
Permitamos que exprese su mundo espiritual y como lo está viviendo en este momento, esto nos permitirá saber si requiere de un cura, un pastor o lo que necesite para lograr paz interior, muchos pueden expresar su deseo más profundo y que no han cumplido, pero que a pesar de la situación llego el momento de lograrlo.
Finalmente llego el día en que Francisco falleció y lo hizo rodeado de su familia, unas horas antes de que esto sucediera todos sus hijos y su esposa estuvieron a su alrededor, lo abrazaron y le hicieron sentir que lo amaban mucho además de que le habían cumplido la promesa de acompañarlo a salir de esta vida de la forma más natural y tranquila posible, con la guía que se les brindo durante el proceso. Cuando me avisaron de su fallecimiento llegue rápidamente a su habitación y allí estaba su cuerpo recostado en su cama, pero su rostro esbozaba una sonrisa de tranquilidad y alegra… había fallecido como él quería sin dolor, sin molestias y lleno de todo el cariño de su familia que lo acompaño a morir.
Siempre será nuestra compañía, nuestro amor, nuestro cariño, nuestros abrazos, nuestros besos y nuestras caricias el mejor medicamento que le podemos dar a un enfermo que está saliendo de esta vida, este es un medicamento que no tiene ninguna contraindicación, pero sus efectos beneficiosos permanecerán en nuestro paciente, en nuestra mente, y en nuestro corazón por siempre.
HAY ENFERMEDADES INCURABLES,
PERO NO ENFERMOS INCUIDABLES.
Dr. Jacinto Batiz
Hermoso 🥺
ResponderBorrarEl acompañar a una persona en su enfermedad y brindarle su amor con besos caricias hacerlo reír es un bálsamo para esa persona es ayudarlo a irse de este mundo en paz
ResponderBorrarMuy acertado.... Lo mejor es la compañia y desfe el amor acompañarlos
ResponderBorrarLindo testimonio de Don Francisco, que me recuerda a mi Padre. A diferencia de él, mi papá siempre quiso morir en su casa, su cuarto, su cama...y así sucedió. Fue lindo verlo expirar, pero más bello aún, acompañarlo en ese instante sublime de su trascendencia.
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